AUNAP

"Acuicultura y Pesca con Responsabilidad"

Esta sección esta dedicada a los pescadores de Colombia por su ancestral labor. Encuentre aquí información de interés y testimonios de aquellos pescadores que junto con AUNAP construyen un mejor país.

 

Mujeres empoderadas y listas para la gobernanza pesquera

 

Algunas mujeres del Pacífico chocoano nos cuentan sobre su incursión en la pesca, una actividad que tradicionalmente ha sido realizada por los hombres de sus comunidades. Además, aprovechamos para preguntarles sobre su participación en los espacios de decisión de su sector productivo.

 

Diana Yurley, Maria Amanda, Mileidy, Raquel, Sandra Milena, Maria Luz y Yudi Patricia, son solo algunas de las muchas mujeres que en el Bajo Baudó, del Pacífico chocoano, se han convertido en las nuevas lideresas de la pesca, un sector productivo que por tradición ha estado en manos de los hombres. Y lo han hecho con persistencia, convencidas de que el día en el que sobrepasen el 30% de participación que les otorga la ley en los Consejos Comunitarios Afrocolombianos (CCA), podrán proyectar la visión femenina sobre las decisiones y acciones de la actividad pesquera en sus comunidades.

 

Ser esposa de un pescador y, además, dedicarse a una actividad productiva —extraer la piangua del manglar—“significa madrugar mínimo a las 3 de la mañana para cuando den las 6 de la mañana, ya esté lista la comida del pescador, del marido. Luego, uno sale también a pianguar o a pescar y, más tarde, llega a la casa a hacer el almuerzo y arreglar el pescado que él trae [del mar] para poderlo comercializar”, explica María Amanda, de la vereda Guineal. 

 

Estas mujeres, con edades que varían desde los 25 hasta los 57 años, se han dedicado tradicionalmente a la pesca y a la captura de la piangua, una actividad que les demanda altos esfuerzos físicos (deben agacharse la mayor parte del tiempo para buscar y recoger las conchas del manglar). Sin embargo, esos esfuerzos no se ven recompensados económicamente, lo que las obliga a buscar opciones de venta del producto con intermediarios que lo llevan hacia Ecuador y Perú. 

 

Cuentan que las bocanas de los ríos, los esteros y las playas son los lugares en los que, con artes de pesca como el espinel o la línea de mano, ejercen sus labores, y dejan claro que no salen mar afuera, “porque esa pesca sí es prácticamente para hombres. Hay mujeres que lo hacen, pero no es muy común porque da miedo, mareo y exige mucho físicamente”, dice una de ellas. Además, pescar en el mar les implica salir mínimo 6 horas, un gasto de tiempo que no se pueden permitir si quieren cumplir con las tareas del hogar.

 

Sin embargo, las mujeres que salen de faena al mar, dice Ángel Mosquera, un pescador de Pizarro de 73 años, son cada vez más visibles. Según cuenta, hace unos 20 años ellas comenzaron a incursionar en esta actividad, “y como estamos en igualdad de género, yo estoy de acuerdo que también pesquen. La que se sientan bien haciendo, pues que lo hagan”.

 

Cuando se les pregunta a las pescadoras si les gusta lo que hacen, se ríen y hablan al mismo tiempo soltando frases como: “¡Eso es un gusto!”, “Cuando usted va a pescar y le hala el pescado de verdad, al otro día no ve que llegue la hora pa’ hacerlo de nuevo”, “Lo llevamos en la sangre. Cuando el pez está cayendo se siente una emoción muy bacana”,  “¡Ay vea! Yo cuando estoy pescando y me hala, no me quiero ir para la casa ni aunque caiga la noche”.

 

Estas expresiones son la confirmación de que las mujeres, más que nunca, están en búsqueda de una pesca más incluyente, que les permita alcanzar la seguridad alimentaria de sus lugares de origen, la sostenibilidad de los ecosistemas marinos y el reconocimiento de las labores que desempeñan en sus hogares y comunidades. Están listas para hacer parte de la gobernanza del futuro Plan de Ordenamiento Pesquero de este “Encanto de los Manglares” en el Bajo Baudó y para continuar la tarea de transformación del sector pesquero. 




En la actualidad, 10 consejos comunitarios hacen parte del Encanto de los Manglares del Bajo Baudó, un área protegida que acoge 314 mil hectáreas de territorio marino-costero.

 

 

 

Nuevas generaciones, un reto para el futuro de la pesca en el Pacífico colombiano

 

¿Cómo construir un sector pesquero sostenible y que inspire a nuevas generaciones a quedarse en su territorio? Aquí las visiones de dos jóvenes habitantes del Bajo Baudó.

 

Karol Barco y Junior Payán, tienen 17 y 19 años de edad, respectivamente. Viven sobre la costa pacífica chocoana, en la vereda Orpúa del municipio del Bajo Baudó. Como muchos jóvenes de su edad y origen, piensan en el futuro como la gran oportunidad para salir de su comunidad, ir a la universidad y encontrar opciones laborales que no existen donde echaron raíces sus padres. 

 

Ese plan para el futuro les deja menos de un año para salir de esa vereda que hoy hace parte del Encanto de los Manglares del Bajo Baudó, lugar que se declaró como área protegida en 2017 bajo la categoría de Distrito Regional de Manejo Integrado (DRMI), la más amplia para las áreas protegidas y de manejo especial del país.

 

Esta declaración ha servido para impulsar el desarrollo sostenible de 314.000 hectáreas. También, para conservar ecosistemas estratégicos como los manglares, manguales, bosques de tierra firme, litorales rocosos y corales blandos; especies de peces, crustáceos, moluscos, mamíferos, reptiles, anfibios y aves; y la ruta migratoria de la ballena jorobada, una zona en la que se congregan tiburones y desovan  tortugas como la Carey (Eretmochelys imbricata), la Verde (Chelonia mydas) y la Golfina (Lepidochelys olivacea).

 

Para estos jóvenes, la biodiversidad de su tierra no es suficiente para querer construir su vida allí. Entre miradas cómplices y risas, dicen con determinación que no quieren realizar las actividades a las que se han dedicado sus familias, especialmente cuando saben que la pesca no es lo que fue para sus padres o abuelos. 

 

Esto, teniendo en cuenta que aunque la pesca es estratégica para la economía global,  fundamental en la salvaguarda de la seguridad alimentaria y generador del 12% del empleo mundial (FAO), también necesita mayor inversión, diversificación exportadora e implementación de proyectos que impulsen la productividad y competitividad. 

 

En el país, el sector pesquero genera cerca de 50 mil empleos formales y más de 201 mil informales, lo que garantiza la seguridad alimentaria de miles de personas, especialmente las de comunidades costeras en condiciones de vulnerabilidad.

 

Lo que dicen los jóvenes sobre la pesca no sorprende a Manuel Antonio Rivera, un pescador veterano de Pizarro con 70 años en el oficio. “Hace 10 años los jóvenes por acá ya no pescan, solo quieren meterse a deportes, al estudio y salir pa’ otras cosas”. Como él, la mayoría de los pescadores son conscientes de que en los últimos años los recursos pesqueros han sufrido grandes impactos por problemáticas como la sobrepesca, un hecho que les sirve a las nuevas generaciones para querer labrarse un camino distinto al de sus ancestros. 

 

Impulsadas por este panorama que compromete el futuro de la zona, las mismas comunidades decidieron impulsar la creación del área protegida y la formulación del Plan de Ordenamiento Pesquero (POP), con el propósito de recuperar las especies ícticas y mejorar las condiciones del ecosistema marino. Estas estrategias, creen, contribuirían al sostenimiento de esa actividad que les ha llegado por herencia y que les ha permitido alimentarse, sostenerse económicamente y soñar con un futuro de oportunidades para sus hijos. 

 

Actualmente, la formulación participativa de los lineamientos del POP está en proceso gracias a un convenio firmado en 2019 entre WWF y la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (AUNAP). Con este, se han impartido talleres en la zona y se han potenciado espacios de reflexión que puedan generar cambios estructurales en las dinámicas pesqueras. “Ese  ordenamiento significa tener un mecanismo de normas para desarrollar mejor la actividad pesquera y para beneficiar a las especies y comunidades”, dice Ángel Barco, funcionario de la Alcaldía de Pizarro. 

 

A pesar de su escepticismo frente a la actividad pesquera, Karol también se ha sumado a las reflexiones para hacer parte del cambio. Sabe muy bien que cumplir las normas y proponer soluciones a distintas problemáticas puede traducirse en un beneficio futuro para su familia y las que habitan esta área protegida. “Nosotros podemos explorar alternativas productivas con los recursos que tenemos, como la preparación de cremas con pescados y cabezas de camarón”.

 

Júnior, por su parte, también hace sus aportes al proceso, sobre todo cuando se trata de pensar cómo hacer un mayor control para que la flota industrial no pesque dentro de la milla que por norma se estableció para la pesca artesanal, o de cumplir la prohibición del uso de mallas en las bocanas de los ríos y esteros para proteger ese bosque especial que protege la vida de cientos de especies marinas: el manglar. “Estamos muy contentos con este nuevo proyecto que nos han traído. Tal vez eso ayudaría a cambiar el pensamiento de muchos de nosotros y a conservar las especies. De esa manera tendríamos mejor calidad de vida”.

 

Este proceso de construcción comunitaria, respaldado por WWF y la AUNAP, sigue requiriendo medidas de control más eficientes y mayor conciencia de las comunidades, pero ya ha empezado a dar muestras de éxito. Así lo dice Karen Perea, contratista para la AUNAP en la zona, quien considera que “la pesca responsable en las comunidades del DRMI se está desarrollando por los pescadores artesanales en un 80%”. 

 

Este escenario es alentador, sobre todo si se tiene en cuenta que de él se han desprendido iniciativas como las  vedas voluntarias para la piangua, propuestas e implementadas por las mujeres que se dedican a su extracción; y la creación de una Mesa de Ordenamiento, que le apuesta a gobernanza ambiental, es decir, a la pesca responsable, la recuperación de las tradiciones ancestrales de los pueblos étnicos del área protegida y la creación de estrategias para que los jóvenes vean en su territorio un futuro próspero.

 

 

 

Pesca artesanal, un oficio con arraigo ancestral en el Pacífico colombiano 

 

Cuatro veteranos de la pesca artesanal de Pizarro, un municipio ubicado en el Pacífico Nariñense, compartieron sus saberes —con AUNAP y WWF alrededor este oficio al que llaman profesión y que han desarrollado por cerca de 70 años.

 

Dedicarse a la pesca significa acumular conocimientos valiosos sobre el mar y las especies que lo habitan.  Por eso, nos reunimos con cuatro pescadores artesanales que han pasado gran parte de su vida saliendo de faena al mar. Aquí nos cuentan algunas anécdotas y reflexiones que, según dicen, pueden contribuir al Plan de Ordenamiento Pesquero del Distrito Regional de Manejo Integrado Encanto de los Manglares del Bajo Baudó, con el que se busca garantizar la sostenibilidad de los recursos que son la base para la seguridad alimentaria y el sustento económico de las comunidades del área protegida (declarada en 2017).

 

  1. ¿Cómo era la pesca hace 60 años aquí en el Pacifico colombiano, en esta zona del Bajo Baudó?

 

Manuel Antonio Rivera (MAR): Anteriormente los pesqueros no cogían pescados para vender, sino que los regalaban a la gente. Había un barco que se llamaba el Jaibero, de una compañía que se llamaba las Amigas, que traía el pescado pequeño para regalar. 

 

Ángel Mosquera (AM): Cuando yo empecé a pescar con mi abuelo, se pescaba con arpón, con gancho y con un arte muy ancestral que se llamaba esterao, que algo que se tejía artesanalmente de caña brava o de chonta. Hubo un tiempo en que se capturaba mucho, mucho pescado, porque la gente era poca y el pescado y la fauna eran abundantes. Usted se embarcaba a cualquier hora y encontraba pescado nadando pa’ arponear. Luego cogía dos o tres canoas de pescado y muchas veces era pa’ regalársela a la gente, porque en esa época nadie comercializaba pescado.

 

Francisco Alegría (FA): Anteriormente yo echaba una red y llamaba dos pueblos, que eran Cuevita y Virudó, para que vinieran a recoger pescado. A veces ni alcanzaban a recogerlo todo, en esa época no había trasmallo electrónico.

 

  1. ¿Cuáles son las dificultades que hoy se presentan en la pesca?

 

Sarbelio Vanegas (SV): Se dice que la malla está destruyendo el pescado, estamos de acuerdo en eso, pero no es lo único. ¿Sabe por qué había tanto pescado en la época de nosotros? Porque en ese tiempo no existía gasolina, no existía motor. La gasolina y el ruido de motor también se encargan de destruir el recurso. Mire, si uno se tira, se hunde en el mar y le riega gasolina a fieras como tiburones, ellos se retiran. 

 

FA: Con el trasmallo electrónico todo el mundo es pescador: mujer, niño y adulto. Sin él desaparecen el 70% de los pescadores del Chocó, porque la mayoría  de ellos no sabe pescar con un cabo [espinel] ni con chinchorro. Con el trasmallo electrónico se afecta más la fauna, el pescado se espanta y se desmaya. 

 

  1. ¿Cuál es el promedio mensual de ganancia de un pescador artesanal? 

 

AM: Es difícil  tener un promedio porque hay meses que no se gana y hay otros que se puede ganar un millón de pesos o millón y medio. Desafortunadamente acá, donde nosotros vivimos, la pesca es por marea. Hay mareas altas en las que no se puede pescar y no hay producción, y hay mareas bajas en las que hay mucha producción. Lo mínimo que ganamos es 200.000.

 

FA: Cuando se cuenta con equipos grandes, por ahí 300.000 o 400.000.

 

  1. Después de tantos años como pescadores artesanales, ¿qué los motiva a seguir en esta actividad?

 

FA: Yo empecé a pescar con mi papá. Mis ancestros fueron los promotores de la pesca. Soy patrón de pesca y sé todos los eventos que se han hecho acá en el Pacífico; quisiera encontrarme con el mejor biólogo que tenga Colombia y me hiciera pregunta por pregunta, pa’ decirle las cosas lo que sé. Por ejemplo, para hacer la veda acá en Colombia no se puede tirar al agua ni un cabo [espinel], porque si se tira un cabo al mar se capturan las larvas de camarón.

 

Estos relatos de los pescadores evidencian cómo la pesca se ha transformado a través del tiempo desde  distintos puntos de vista: biológicos, ecosistémicos, sociales y económicos. Por esto, cada vez se hace más urgente ordenar los recursos a partir de procesos que le den lugar al saber local, fundamental para desarrollar medidas que permitan el aprovechamiento sostenible de los recursos. 

 

Esta es la razón por la que este convenio es un aporte necesario a los procesos pesqueros del Distrito Regional de Manejo Integrado Encanto de los Manglares del Bajo Baudó, donde la voz de los pescadores artesanales es poderosa para construir y dinamizar su oficio en el territorio.

 

Al final de la entrevista, los pescadores acomodan sus voces para entonar una estrofa de la conocida canción El Pescador de Totó la Momposina: “El pescador no tiene fortuna sino su atarraya”; y entre risas le dan paso a otra canción del Cuarteto Imperial llamada El pescador solitario, que Ángel muy alegremente canta: “Hoy mala suerte ha tenido, no hay pescado en su atarraya, pero tiene a su morena, esperándolo en la playa”.